15 ago 2009

Digo que yo no soy un hombre puro

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.

Nicolás Guillén

2 ago 2009

De un excelente amigo de Colombia, Edwin...

Tareas de viaje


A David Ortiz en San Luis Potosí.
Viajero incansable.


Las tareas de viaje
comienzan pensando.
Se compra el tiquete
aparecen nuevas profesiónes:
vigilante de maletas y cazador
de mujeres.

Nos instalamos en un hotel.
Un latente
recuerdo da la hora
de las comidas
y el sueño.

Visitamos museos
cafeterías, plazas, calles,
regresamos en color
de cielo, lluvia y sol,

Las tareas de viaje agitan
al hombre y su descanso,
el equipaje es un circo.

Es mejor llevar
varios ayudantes,
los libros, una armónica
el gorro de dormir,
un corto proverbio
para el cuerpo.

Así son las tareas de viaje
Salir, andar, llegar,
estar en los dos tiempos:
en el itinerario y
en el viaje.